Levantemos Bandera

Hay que participar de alguna manera.  Nos enseñaron que es muy difícil e inalcanzable, que no se puede gobernar entre todos, tener una vida y preocuparse por la política, que para eso hay que ser muy instruído y conectado.

Pero acá estoy, y hoy me toca, no tengo muchas herramientas ni conocimientos, pero están las ganas de hacer algo. Y para canalizar esas ganas existe el Partido Pirata.
Partido Pirata Argentino

Partido Pirata Argentino

Me identifico con la broma, porque les cuando para los que no saben, y les recuerdo a los que sí, que el partido pirata no era más que una chansa electoral. El equivalente a si ganaran las elecciones Mafalda o Clemente. Se presentaron un grupo de jóvenes en Berlín, ganaron dos bancas para sorpresa hasta de ellos mismos, y de ahí, salió un movimiento global.
Y cuesta, cuesta un huevo gente. Porque la horizontalidad no es nada fácil -pero ni llevar dieta me parece sencillo, así que entiendo que todo lo que importa no lo es- forma parte de un proceso de conversación constante; no siempre estamos de acuerdo. Nos estamos conociendo y aprendiendo a entender, a ver otros ejes.
Todos nos ponemos de acuerdo fácil en cuanto a la libertad de información, aunque después debatamos durante meses cuál es la mejor manera de implementarla respetando y otorgando derechos. Qué difícil hablar de aborto cuándo algunos, son católicos, qué difícil hablar de marihuana, cuando muchos son abstemios ¿y de las mineras y las explotación del campo? También la realidad pirata de muchos, es reclamar los derechos a la tierra originaria, o velar por que el genocidio no continúe.
Hay todo tipo de preocupaciones e inquietudes, las de todos, que somos muchos.
Acá estamos.
Nadie me llamó, eso está buenísimo, por fin una vez que ser comedida está bueno. Tal vez, si me pongo romántica puedo decir que la realidad llama. Me golpea a la puerta y me saca de los pelos a la calle, me obliga a manifestarme y decir que las cosas así como están, no van.
Pero la palabra sin acción no vale nada, mejor que la queja es el obrar. El partido pirata es un partido obrero, y sí, lo digo con todas implicancias que le quieran dar. Somos pobres, trabajadores, indios, inadaptados, analógicos, digitales, emigrados y en el fondo, hijos de la una revolución clase media, bastante cómoda.
Y en esa comodidad es que no nos hallamos, y cada uno, a su manera, teniendo su vida, se da cuenta que puede hacer algo, un poquito nada más, que le sume a la realidad a otros. Entonces puedo integrarme con el montón y formar parte de él, desde mi lugar. No tengo que ser revolucionaria, pero ninguno tiene que serlo. Es cuestión de activar.
Cada vez que tengo un rato para mí misma y me escucho gritar sobre la injusticia, hago algo. Me sumo a un podcast, escribo un twitt, armo una campaña, intento enseñar otros que pelean causas justas un poco de marketing, porque maquillaje y perfume, le quedan bien a cualquier verdad.
Los invito a sumarse, a participar, a no esperar que alguien les diga qué o cómo hacerlo, manden un mail y pregunten en qué se está trabajando, estamos redactando la carta de principios, pensando y armando nuestros valores, acá hay lugar para todos.
No hay lobby ni publicidad, no hay tratos ni alianzas. Hijos de nadie, no pensamos en un beneficio personal -aunque lo traiga- sino en el bienestar común.
Es un montón de trabajo y frustración porque somos muchos, y eso es lo que al final, mejor nos hace.
Esperamos, que te sumes y seamos todavía más.
A veces tengo ganas de cambiar el mundo ¿vos no?
Partido Pirata Internacional -Información de los partidos piratas del mundo-
Partido Pirata Argentino -para conocer de que se trata-
Afiliación -si querés hacerlo posible-
Tiempo pirata -Espacio de comunicación democrática-

Armando la oficina

En estos días estoy armando el espacio de oficina, tener un área del departamento destinado al trabajo diario y que los que se encuentren de paso, estén invitados a sumarse. Abrir las puertas de mi casa/oficina como alternativa a un bar para quiénes estén de viaje.

La premisa es que sea alegre, quiero colores que ayuden a mantenerse atento y cómodo al mismo tiempo.  No quisiera caer en un aspecto muy comercial, sino dejarlo en el lugar justo entre la oficina y el hogar.

Escritorio colgante

Escritorio de diseño

Tablero de dibujo

Llegó el momento de buscar los primeros muebles -y armarlos-. Tengo estos tres escritorios en mente ¿cuál te gusta más?

Mudanzas y otras yerbas

La primera vez que me mudé fue previo a tener memoria; no alcanzaba el año de vida y aún sin saberlo, fue un cambio increíblemente significativo: de Misiones a Buenos Aires. Será por eso que me considero prácticamente porteña. Es que acá es dónde está mi corazón, el estilo de vida que elijo y los lugares que siento como propios.

No es el lugar dónde uno nace, sino donde se crece, el que fija los usos y costumbres.

Llegué a México una semana antes de cumplir 22 años. Para ese entonces no había pensando mucho las cosas. El país estaba en crisis, mi familia se había ido hacía un tiempo y las herramientas que tenía a la mano en ese entonces eran escasas. Mudarme parecía una de las mejores opciones. Los planes originales incluían pasar por Estados Unidos y para terminar instalándome en España.

Me fui con dos valijas y un par años después volví con el mismo equipaje. En el medio experimenté más cosas de las que jamás hubiese imaginado vivir. Es increíble como la experiencia del viaje me cambió la vida y toda la percepción del mundo. También como el volver sin nada, ya sea familia, dinero o contactos fue uno de los desafíos más grandes que afronté en mi vida.

No es de extrañar que esta vez me genere tanta ansiedad emprender esta nueva aventura en San Francisco. Hay miedos que se activan y es muy díficil procesarlos. Dicen que mudarse se encuentra entre las experiencias más traumáticas de la vida, es el desarraigo que provoca junto con el stress que acompaña toda la situación la que nos hace conocernos cómo somos en momentos extremos.

Hay que buscar paz a cada instante, incluso cuando esta se esfume rápidamente.

Cambiar de país se siente como un gran salto al vacío, del otro lado es la incertidumbre absoluta. ¿Cómo va a ser mi vida? ¿En dónde voy a vivir? ¿Qué actividades voy a realizar a diario? ¿Qué voy a comer? Porque hasta la alimentación cambia, los usos y las costumbres son diferentes, los códigos entre personas, los horarios de salidas, el ambiente mismo de la ciudad, dónde se va a habitar y la vibra particular que pueda tener.

Ir a San Francisco es un desafío importante en todo sentido para mí. Profesionalmente será EL gran desafío, es es jugar en las grandes ligas y viene acompañado de grandes oportunidades, también de muchos sacrificios y trabajo. Pagar el derecho de piso en un lugar nuevo siempre lleva tiempo. Entablar reclaciones y hacer amigos aún más.

Relacionarse con la gente porque son personas, no por el trabajo que llevan o la posición que ocupan. Querer a la gente da más beneficios que cualquier otra relación.

En medio de esta montaña rusa, me reencontré con los amigos de siempre y disfruté de los nuevos. Muchos de los que están presentes hoy, lo hacen de la misma manera que lo hicieron hace 10 años, incluso con las distancias intermedias que otorga la vida. Los afectos perduran en el tiempo, incluso cuando la cotidianidad desaparezca.

Es importante crearse una red, pedir ayuda y encontrar en quién recostarse momentáneamente.

Aprendí a dejar ir.