De cochecitos y botellas


La presión social sobre las mujeres acerca de la maternidad parece ser cada día más fuerte, e increíblemente, la misma no es ejercida por los hombres y muchas veces, ni siquiera por nuestras madres. Las que presionan, son otras mujeres.

Las madres conchuditas tienen la particularidad de hacer sentir menos a todo ser humano que no haya parido, porque en sus mentes, la maternidad las enaltece por sobre cualquier otro logro que se pueda obtener. ¡Qué importa la cura del cáncer si puedo crear gente nueva y sana?!?

Mientras escribo esto disfruto de ver como baja la espuma del fernet, y la única culpa que siento es la de usar Coca común en lugar de Zero, pero no tenía ganas de bajar a comprar. Es que a mí me gusta estar un viernes a la noche sola en mi casa bebiendo y escuchando Miles Davis. Me reconforta ver a mis hijos con bigotes saltar persiguiendo polillas alrededor mío. Por qué sí, el instinto lo tengo, soy mujer y ya cumplí 30 años; hay pulsiones que no puedo controlar, la del útero es una de ellas.

Sin embargo, pese al llamado materno, ese que me hace dar vuelta cuando veo un cochecito de bebé aunque a mí las personas pequeñas y cabezonas no me gusten, no salí corriendo a embarazarme. Muy por el contrario, no tuve mejor idea hace unos meses que operarme y sacarme la mitad de la piel de la panza, esa que sobraba después de bajar casi 40kg y que ahora cada vez que miro la cicatriz que me atraviesa las caderas de lado a lado me hace sonreír. ¿Vos no podés tener hijos, verdad? Preguntaba una amiga desconcertada hace unos días. Claro que puedo, tengo útero, y hasta dónde yo sé, soy una mujer fértil. ¿Pero y la piel de tu panza? Ah sí, esa se haría pelota, ya no queda mucho más que pueda estirar. ¿Entonces no vas a ser madre? Y no, no voy a ser madre, y suponiendo que en 10 años decida lo contrario, no será un hijo natural, después de todo, la experiencia de un pibe creciendo en mi panza no está entre las cosas que tengo interés de vivir.

Hace unos momentos saqué pasajes a Barcelona, resulta que el mes que viene es el Mobile World Congress 2013 y tengo la responsabilidad profesional de estar allí presente. Aprovecho que está mi mejor amigo en esa ciudad, que otro que admiro se acerca desde Luxemburgo a saludarme y festejaré los 31 años de mi llegada al mundo en ese lugar mágico que tanto amo.

Me gusta vivir sin culpas de ser quién soy y de hacer lo que hago. Siempre digo que si fuese hombre, por supuesto que querría tener hijos, 3 para ser más exactos. Total, a los 5 años me divorcio, quedan a cargo y responsabilidad de la buena madre que elegí para que los críe y tendría la magia de estar presente como una imagen simbólica, la amenaza del orden y la esperanza del retorno que de vez en cuando, podría concretar.
Pero no, no soy hombre. Me tocó ser mujer, y eso significa que si fuese madre, querría ser la mejor de las madres, atenta y devota, sacrificada y amorosa.

Así que me quedo en el lugar que elijo, dónde puedo viajar y trabajar sin mayores obligaciones y responder una invitación de último minuto para ir a Las Vegas un fin de semana solo por la anécdota. Dormir a destiempos, alimentarme con menos orden aún, gritar todo lo que guste en un orgasmo sin miedo a despertar a nadie más que a los vecinos y seguir enriqueciéndome de experiencias que si bien involucran muchas veces a otros, las hago por mí misma.

Sí, también le tengo miedo a la muerte y quiero dejar algo en este mundo. Pero ese algo no será un semilla mía con la que creeré convertirme en inmortal. Mi legado es y será otro, uno que afecte a muchas más personas que a mí misma. Para eso trabajo, para eso aprendo.

Mis dos centavos sobre un tema que espero deje de serlo.

 

 

Para @ElenaPaoloni que logró sacarme de mi encierro blogueril.

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Un pensamiento en “De cochecitos y botellas

  1. Yo creo que justamente la maternidad te saca el pensamiento egoista de anteponer siempre el “yo” y de hablar todo el tiempo de uno…
    No soy madre, tengo 33 años pero si vi mucha gente en el trabajo y otros ambitos que se dedicó a viajar, de joven y “disfrutar” pero ahora de grande tiene un vacìo que intenta llenar con perros, gatos y habla de ellos como si fueran sus hijos y me parece un poco triste llegar a eso. Saludos!

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