8 años más tarde de la introducción original (que aún se encuentra más abajo), dos gatos, un divorcio, amores varios, otro casamiento, montones de viajes y una migración a Estados Unidos, acá estoy nuevamente para contarles quién soy y qué hago.

Ihara se pronuncia Iara (o Yara en inglés), es un nombre de oriente medio con interpretaciones varias y mi madre me lo puso porque quería encontrar un nombre bonito y original como el suyo, pero antes la falta de ideas y opciones ante la antigua ley de nombres argentina, me puso el mismo nombre que a ella.

Junto a Jason Platz, mi compañero y socio en la vida, creamos Share Love, un proyecto que de manera multi disciplinaria, a través de todo tipo de eventos, actividades musicales y talleres se dedica a concientizar sobre el amor como valor universal y solución a todas las cosas. Entendemos el amor como un sentimiento, una experiencia que puede ser creada y transmitida a otros, ya sea en la forma de un concierto musical o un taller sobre autoestima.

Desde un fiesta privada hasta un participar en un festival, realizamos todo tipo de eventos sociales y corporativos. Cuando nos contratan no están pagando por equipo, técnicos o artistas. Todo eso está -acorde al tipo de evento- lo que estás contratando es el ambiente, la experiencia, el sentimiento que la gente se va a llevar.

En Buenos Aires me sentía cómoda en el nicho tecnológico, y por años me desenvolví entre autodidactas de pensamiento racional y académicos. Empecé a viajar por el mundo y cometí el error de no terminar la carrera. Hoy me gustaría tener el papelito, aunque entienda que no es más que eso.

Organicé todo tipo de comunidades para el intercambio de conocimientos tecnológicos y sociales, como Citycamp que integra proyectos sociales tecnológicos y gobierno para la creación de Smart Cities, hasta el fan club oficial de Google -como suelo llamar al Google Developers Group- pasando por hackatones y eventos audiovisuales varios.

En la búsqueda de una vida más verde dentro de un contexto citadino, en el 2013 junto a mi ex nos mudamos a San Francisco (Estados Unidos, no Córdoba) dónde me encontré con más desafíos y dificultades de adaptación que los que tenía esperados.
Me llevó más de un año -y una separación en el medio- encontrar trabajo y un departamento aceptable para vivir sola en la ciudad. Pero lo hice. Me acomodé en una de las ciudades más caras del país con éxito. Duró poco.

En el 2014 fui a Burning Man. Fue así como conocí un nuevo universo del que ya formaba parte, entendí el camino que había llevado -sin darme cuenta- hacia el arte la tecnología y la expresión personal. Participé del Love Potion Collective en Oakland, dónde aprendí a soldar aluminio y acero, entre otras tantas cosas, y me hice amiga de las herramientas y maquinarias pesadas.

Para el inicio del 2015 me mudé, sin querer queriendo, a Las Vegas. Me había hecho amigos en el desierto y empecé a visitar a menudo hasta que mi novio me convenció y decidí instalarme definitivamente dejando San Francisco atrás.

Me asocié con una empresa de eventos que durante un año me dio muchas gratificaciones hasta que mi (ex)socio desapareció con todo el dinero invertido dejándome en una situación profesional y económica complicada. Me tomó prácticamente todo un año reponerme.

Hoy aunque veo las señales que ignoré junto a mis propios errores, puedo decir que no me arrepiento. Aprendí a ser honesta conmigo misma y por consecuencia con el resto, en todo sentido y ámbito de mi vida. Aprendí a no distraerme con los sueños de otros. Aprendí a seguirme a mí misma.

Me hacía falta me cagaran bien cagada para que aprenda.

Me tomó toda mi vida hasta este punto entender quién soy, qué me diferencia, qué tengo para dar y cuál es mi misión en este mundo.

Hoy lo entiendo.

 

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Pensamiento lateral, lineal y oblicuo.

¿Quién soy?

Me llamo Ihara, aunque mi familia me dice Chicha porque era el chiche de la casa, mi esposo me dice Ih. y mis amigos me dicen che b*****.

Pasé mi infancia como hija única aunque ahora sea hermana mayor a la distancia -toda mi familia vive en México- y me considere prácticamente huérfana. Crecí con las deficiencias de una educación de colegio católico de señoritas y el paso por 5 secundarios de diferentes especializaciones.

Antes que cualquier novio, mi primer amor fue la radio. En mis más tiernos años jugué a la productora al mismo tiempo que soñaba con ser periodista y cambiar el mundo.

De adolescente me dediqué full time a ser ñoña y armé un club de juegos de rol, organicé Fantabaires e inicié a muchos más en las fantasias de calabozos y dragones, vampiros y películas de acción coreanas. De esa época me quedan algunas manías, como leer Neil Gaiman, Terry Pratchett o pintarme las uñas de negro de tanto en tanto.

En mis ansias de recorrer el mundo tomé la primer oportunidad que me dio la vida de migrar y terminé en el sur mexicano, tierra que Lovecraft identifica con adoradores de Dagón.
Rodeada de cultura maya y aguas  tropicales monté un canal de cable local y me di el gusto de poner un potus sobre una columna: una vez hasta se cayó el cuadro de la escenografía al aire. Aprendí a ser multitasking -directora de contenidos, organizadora de eventos, editora, camarógrafa y chica que sirve el café- hasta que me hastié de los medios.

Volví más cansada y sabia. Conocí el amor de esta nueva etapa en la vida. Nos casamos legalmente y dejamos el templo -sinagoga- para cuando el futuro de más certezas.

Pasé por trabajos pocos significativos y de todos me llevé algo; del kiosko unos cuantos kilos, de la librería todas las historias que llegué a leer, como vendedora practiqué la tenacidad y aprendí a valorar la frustración.

Creo en la revolución personal y el cambio interior, así como en compartirlo con los demás. Es de quiénes me rodean que más aprendo, grandes amigos y compañeros de ruta en diferentes proyectos.

Doy siempre lo mejor de mí en todas las relaciones. Amo la gente, salir, conversar, conocer y permearme de todos aquellos que tengan algo para enseñarme.

Reconozco el valor que da lo académico, soy técnica en Organización de Eventos y Espectáculos, y continúo estudiando para ser licenciada en Relaciones Públicas; me gusta que posea un fuerte mix otras disciplinas además de las propias.

Decidí que soy una mujer con mucho amor que dar, y adopté dos hermosos gatitos.

Me niego a llamarme emprendedora, aunque lo sea. Organizo todo tipo de eventos y colaboro en aún más. Fundé Geek Provider en donde uno lazos entre desarrolladores y proyectos. Disfruto hacer de puente entre el conocimiento de la tecnología y su aplicación práctica; todos los días aprendo algo nuevo.

Podría seguir “hablando” de mí sin cansarme, pero no sin cansarlos.

Soy muchas cosas y cumplo muchos roles, pero nunca dejo de interpretar el que más me gusta

Ser yo misma.

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