Sobre el aborto (el mío)

Vengo acá a compartirles mi sanación.

Por que mi historia no es mía, es la historia de todas.

La mitad de este texto lo escribí un tiempo atrás, para curarme a mí misma pero también pensando que con mis palabras podría sanar a otras que hayan o estén pasando por lo mismo ahora.

Porque aunque nadie hable del aborto, pasa.

Le pasa a casi todas las mujeres que conocés. De cualquier edad y clase social. Desde la niña bien hasta la puta atorranta, desde la violentada hasta la le entró con ganas, a la mayoría de las mujeres que conozco alguna vez les tocó interrumpir un embarazo (o varios).

Pero de eso no se habla.

Así que agradezco a las que vinieron antes que yo, que abrieron la cancha para que me sienta más segura y me anime a compartir estas palabras.


 

Me desperté con una puntada en la teta, de esas que de vez en cuando pasan, pero esta vez fue distinta, cuando la sentí fue automático:

Chan! Estoy embarazada,

pensé con certeza. Esa misma tarde incluí un test de embarazo chino mientras hacía compras y lo bloqueé en mi cabeza. Fue recién al día siguiente que recordé que lo tenía.

Era domingo y estaba de visita en San Francisco por una escala tras pasar mi cumpleaños número 33 en Israel. Era una tarde soleada y me encontraba rodeada de amigos en una terraza con vista. Habían risas y burbujas; la jarra de mimosas parecía no vaciarse en ningún momento aunque estoy segura que copas sí lo hacían.

¡Era ahora o nunca!

Me encaminé al baño con la cajita en la mano. Cerré la puerta con traba, abrí el paquete y quedé mirándome fijo en el espejo mientras sujetaba el reactivo.

Me miré a los ojos tan profundamente que no quedaba lugar a mentiras 

-ya sabés el resultado Ihara, así que ya sabés lo que tenés que hacer- respiré profundo -esta joda se termina acá, de esto vas a aprender algo, el nivel de desliz e inconsciencia, poco importa que sea el primero de tu vida, las decisiones que te llevaron hasta este lugar no se pueden repetir, por lo demás, esto te sirve para reafirmar quién sos y qué querés para tu vida. Nunca quisiste tener hijos, esta es la oportunidad para demostrarlo-

en retrospectiva creo que fui muy dura conmigo misma. El DIU se había caído unas semanas antes y pensé que no pasaba nada con esperar al mes que viene para atender el tema. Pero no quiero entrar en justificaciones. No hay maneras buenas y maneras malas de quedar embarazada, quedás y punto.

Hice pis temblando y en unos pocos segundos vi la rayita del test aparecer, esa primer rayita es la que vale, de todos modos apareció la segunda como comprobante que funcionaba y sin dudas que el resultado es positivo. Me quedé mirándolas perpleja, estaba segura del resultado pero verlo así “por escrito” me dejó en shock por cinco minutos.

Respiré muy profundo. Me gustaría decir que me aguanté el llanto pero ni eso sentía, solo el vacío enorme que deja el exceso de emociones. Me enojé tanto conmigo misma que ya no podía sentir nada.

Estaba embarazada de 4 semanas.

Las primeras horas fueron terribles. Esa tarde decidí no contarle a nadie, si a alguien correspondía avisarle primero que a nadie era al responsable -mi novio del momento-, así que volví a la mesa, apuré un par de tragos más y esperé entre ansiosa y angustiada la hora de salir al aeropuerto. Al final no estuvo tan mal, salvo que no pude mirar a nadie más a los ojos, mi amigos me ven el alma, temía que alguno “se diese cuenta”.

Cuando llegué a Las Vegas mi novio me esperaba a la salida del vuelo. Después de los besos y abrazos de rigor, mientras esperábamos las valijas, le dije que tenía muy malas noticias pero que podían esperar un rato.

Fue esperando el transfer que con mis manos en sus mejillas lo miré a los ojos con toda la solemnidad posible y le expliqué:

-quiero compartir esta experiencia con vos, quiero que estés al lado mío y me acompañes, pero en este momento tengo que ser 100% egoísta y pensar en mí, tengo que cuidarme y protegerme lo más posible: Necesito un aborto-

por un instante sus pupilas se expandieron al punto de mostrar su propio universo, vi como la noticia llegaba a la esencia misma su alma. Puso sus manos sobre las mías -eso no es ser egoísta- dijo con certeza y sin dudar, después me abrazó con todo el cuerpo.

Los días que siguieron fueron puro stress; el mundo siguió girando.

Tenía que seguir trabajando como si nada. Proyectos importantes estaban agendados hace meses para empezar esa misma semana. Y ahí me encontraba, presente de cuerpo pero no de alma. Lo peor es que no podía contarle a nadie. Mi rendimiento era igual a cero; el 100% de mi energía se estaba yendo en aprender, leer y consultar toda la información posible acerca de la situación por la que estaba pasando sin poder preguntarle a nadie más que la internet.

  • ¿Qué métodos abortivos hay disponibles?
  • ¿Es Legal en el estado de Nevada?
  • ¿Qué significa un embarazo de 4 semanas? Qué esperar en mi cuerpo y a nivel embrionario.
  • ¿Lo cubre el seguro médico?
  • ¿A qué clínicas puedo ir?
  • ¿Con quién se hace la consulta?

Me sentí tan falta de recursos en ese momento… En Argentina conozco gente, el sistema médico es más accesible, tengo mi ginecóloga de confianza a la que podría preguntarle al respecto además de recibir un chequeo. Allí podría llamar a mi mejor amiga para que le pida a su suegra ginecóloga/obstetra que me de la dosis de pastillas que tenía que tomar, y más que nada, tener la oportunidad de hablarlo con cualquiera de mis amigas que pasó por la experiencia previamente.

Nadie habla del aborto, pero está ahí presente, es realidad cotidiana, y al final cuando me pongo a pensar, de mis amigas más cercanas, la mayoría tuvo un aborto inducido.

Tuve mucha suerte: el aborto es legal en Nevada, pero no lo cubre ningún seguro médico. Lo que significa que en Las Vegas hay clínicas que realizan abortos al lado de cada fast-food, entrás pagás y te vas. Claro que la calidad de la atención será acorde.

Una de las peores cosas de la experiencia es el aislamiento,  la falta de capacidad comunicativa que existe al respecto. No sé con quién hablarlo “sin que me prendan fuego”. Ni a la secretaria del ginecólogo que llamé pude hablarle sin que me juzgue y me encaje el número de teléfono de alternativa cristiana en la que quisieron convencerme de “ser pro vida”. Por que es tan fácil juzgar al otro en situaciones donde no nos toca poner el cuerpo.

Me da miedo hablarlo en voz alta por miedo a ofender a alguien.

¿Yo tengo que hacerme un aborto y a vos te ofende?!?

Es una situación de mierda para mí, hay poca información, mucho “prejuzgamiento” y un tabú generalizado que me obliga a desconectarme. En el momento que más amor y apoyo y acompañamiento necesito, es cuando más excluída me encontré.

Después de mi novio, le conté a mi socio del momento para que entienda porque básicamente estoy en modo fantasma.

Por favor no pienses menos de mí ni me mires distinto…

…hay un montón de trabajo que hacer, y prometo contribuir lo más que pueda, pero en este momento puedo muy poco. Voy, estoy, pongo huevo, pero no esperes magia, por ahora me quedé sin.

También le conté a una amiga a la distancia porque me preguntó por Whatsapp “¿vos estás embarazada? Soñé que estabas embarazada” .

Y la última en enterarse fue una amiga que estaba embarazada también y lo compartió conmigo apenas lo supo porque no sabía qué hacer, aunque a los pocos días ya había decido tenerlo “vamos a ser padres hippies” dijo radiante.

Fue ella la que me dijo que había tenido una experiencia similar antes y que jamás se arrepintió de haber abortado. Sin embargo me arrepentí de haberle contado. Uno de los miedo más grandes de una embarazada es que haya algún problema durante la gestación, hablar de pastillas abortíferas y pérdidas de sangre definitivamente no es la mejor imagen que pude regalarle.

Así que en total, 4 personas sabían. Ni en Twitter lo podía hablar.

Una semana entera me tomó recopilar toda la información suficiente y tomar una decisión que ya estaba tomada. ¿Lo dudé en algún momento? No. Sí me imaginé cómo sería un futuro formando una familia en ese momento. Es una postal preciosa, una imagen de una vida genial pero que no es para mí, no es la que yo elijo.

Pago el precio de construir mi persona y ser quién soy.

Sólo yo sé lo que valgo.

Durante 10 días viví una experiencia abrumadora en tantos niveles que en realidad, son muchos más.

Estar embarazada pasa en el cuerpo, en mí cuerpo, a mí. Es una constante, está pasando y está presente en todo momento y en todo lugar. En las puntadas en las tetas, en las puntadas en la cadera que empieza a ensancharse, en la forma de la vagina que se prepara para abrirse. En lo tenso de la circulación que se gesta en el útero. En la consciencia de mi propio ser y la del nuevo gestándose.

Entiendo que solo experimenté la chispa, un destello de la supernova que es la maternidad. La claridad mental! Siempre observé que las madres tienen un sexto sentido, instinto puro, no saben con razón pero saben con corazón qué es lo mejor para su hijo.  Es el mismo sentido de alerta que les permite llevar un cochecito plegable, un bolsón rebosante con básicos para el bebé, una cartera con los básicos de madre, bolsas de supermercado y por supuesto, la criatura misma ¡y con solo dos manos!

Todo eso sentí, y aunque haya interrumpido la experiencia, la adquirí. No hay aborto para ese sentimiento. Me lo llevo conmigo.

Entiendo a mi madre que me siente una extensión suya. Entiendo por qué lo soy. Aunque realmente no lo sea. Podré venir de su deseo, pero creo mi propia realidad.

Entiendo la sensación de poder e incertidumbre, de fortaleza. Una madre que decide ser madre y lo abraza con todo su ser, se convierte en quién quiere ser. Para el futuro quedará la tarea de reencontrarse como individuo nuevamente.

Y las hormonas… la locura de las hormonas que la siento hasta hoy (3er semana post aborto). Jamás me pasó gritar llorando “todo esto me pasa porque no puedo controlar mi cuerpo y soy una pelota de angustia química” de ahí, la montaña rusa sobre la que llevar la realidad misma, que cualquiera diría que es suficientemente enroscada.

Terminé eligiendo una clínica a dos cuadras de casa, si todas eran la misma cosa, al menos voy con la más cercana. Me dieron un turno para ese mismo día a las 2 de la tarde (¿o fue para el día siguiente? me dio la duda) quería solucionar el tema urgente. Todo bien con la maternidad, pero que no se pase de rosca, lo mío no va por ahí. Si esperaba un solo día más no hubiese tenido el coraje para llevarlo adelante. Me acompañó mi novio. Fui caminando.

Costó $100 dólares el ultrasonido, que se paga por adelantado, y lo descuentan del valor del procedimiento, que son $500 en total.

La clinica estaba en un lote de comercios comunes, ocupaba un par de locales. Al entrar tenía una doble puerta; primero este hall que se siento un poco claustrófobico y me da a antro, dónde piden documentación identificatoria y confirman el turno.

Una vez dentro el lugar es limpio pero no amistodo, tiene cortinas floreadas de los 70 y la sala de enfermeras y registraciones detrás de un vidrio blindado.  Por las puertas de los consultorios salen y entran enfermeras todo el tiempo. Es reconfortante ver que la mayoría de las personas que trabajan en el lugar son mujeres.

Todo cumplía con el mínimo requerimiento de “como corresponde”, pero sin esforzarse en lo más mínimo. Nadie sonreía en ese lugar.

Después de tomarme 10 minutos para llenar un formulario que demoraría habitualmente 2, esperé por 15minutos hasta que la enfermera me llamó al ultrasonido.

Quizás a otra persona no le resulte todo tan chocante, pero para mí, que estoy acostumbrada a las experiencias médicas deluxe, donde las enfermeras te llevan de la mano a todas partes, sirven medialunas con café con leche, hay una decoración preciosa y muchas sonrisas, entre otras tantas cosas; una clínica como esta me hace sentir para la mierda.

El sitio web tenía un cupón para imprimir y recibir $20 off en el primer aborto.

tan… ¿americanizado? ¿capitalizado? ¿deshumanizado? Neoliberalista sin interrogantes.

Para ser justos el trato que recibí en esta clínica fue “normal” una cortesía ajustada a lo requerido. Después del ultrasonido, en el cual la enfermera tomó el recaudo de no dar una imagen frontal accidental, aunque se podía ver con intención. Sin solicitarlo realmente, miré a la pantalla negra por 3 segundos. La imagen era la misma que tantas otras veces vi por otra gente pero se veía casi vacía… y en el medio un punto. Nada más que eso.

Volví a la sala de espera. Mi novio me miró expectante. Le expliqué que sería en la próxima llamada, que esto fue para comprobar que estaba embarazada y de cuánto tiempo. Estaba pálido pero ponía cara de fuerte. Me hacía falta eso, gracias por no ser un problema más en toda esta situación. Gracias por acompañarme y sentirme.

Me llaman a un nuevo consultorio, me recibe una enfermera, me da una bata para sobre la ropa y me trae antibióticos, ibuprofeno y me deja sola en la habitación.

El doctor entra con una sonrisa. Un médico grande, de los buenos, de los que saben tratar al paciente. Me volvió el alma al cuerpo. Conversamos un poco, hablamos de métodos anticonceptivos. Me explicó que el 90% de los casos en los que el método DIU (dispositivo ultra uterino) se desplaza y se cae, perdiendo su efectividad, es el modelo de cobre. Que me recomienda el modelo que tiene un poquitito de hormona e ir a un médico de mi cartilla, ya que ese procedimiento y dispositivo están cubiertos parcialmente por el seguro médico.

Me ofreció la opción de anestecia total, pero no quise.

Hay momentos que hay que pasar bien atentos por la vida.

Para el dolor y los nervios me dieron gas. Estaba alerta y despierta, pero dentro de la burbuja del N2O. Me acuesto en la camilla, desnuda de la cintura para abajo. Me toma la presión y osculta el pecho. Me da la impresión que no hay necesidad de tocarme la teta mientras me osculta, pero no realmente. Más tarde leería críticas a ese doctor mencionando lo mismo por mujeres a los que no les quedó ninguna duda.

El plafón de luz del techo es un cielo, celeste con nubes blancas. Es reconfortante apoyar la mirada. El doctor narra cada paso, y lo hace con experiencia. Mientras introduce el espéculo desvía mis sentidos al paladar mencionando la sensación metálica en la lengua que produce la anestecia local. Dejo de prestarle atención, la sensación es bastante incómoda. Me pregunto cuánto va a durar. Miro las nubes. Siento un tirón en el útero y un suspiro en el alma, un -ahhh- que no llega a ser pronunciado y nunca será.

Algo murió en ese instante.  Sentí el exacto momento en el que pasó, no tengo dudas de eso. Esa idea que se fue, una posibilidad única de posibilidades que desapareció para siempre y por su características aunque se pueda replicar, ya no será igual. Sentí la desconexión. El vacío que deja algo que ocupaba lugar y que ya no está.

Desapareció.

El médico dice que ya está, que terminó el procedimiento y retira los instrumentos. Me indica que me vista y pase a otro cuarto dónde me senté por un momento a recuperar el aliento. Ya estaba hecho.

 


Hasta acá llegó lo que escribí hace casi tres años atrás. Lo que sentí poner en “papel” para vaciar mi ansiedad y darle espacio a la sanación.

Hoy con más distancia quiero contarles por lo que pasé después.

Cuando salí de la clínica había sol y estaba hermoso. Me habían recomendado no moverme, pero necesitaba sentir los rayos y la brisa en la piel; volví caminando a mi casa. Lo sentí como el recordatorio que la vida que continua. Sentí que me hizo más fuerte. Me llevé y traje a mí misma. Me hice cargo de mí.

Por horas sentí un gran dolor de ovarios y contracciones. Una latencia que no parecía no parar. Mi futuro esposo calentaba y me ponía compresas sobre la panza para que mejore.

Por días tuve sangrado vaginal, por la herida interna que la succión había dejado. Nada fuera de lo normal, tarda unos días en cicatrizar.

También por días sentí un profundo vacío en el útero. En ese momento lo que más sentí fue la soledad de volver a ser yo mísma. Esa parte de mí que no era mía y me estaba acompañando con su energía ya no estaba ahí.

Pero lo que más sentí fue soledad. Sí, mi novio me acompañaba, pero poco entendía por lo que estaba pasando. La gente con la que trabaja que no podía ver por qué estaba tan ausente y poco funcional. Los que sabían estaban ofuscados porque no había vuelto a funcionar al día siguiente, o a la semana siguiente. Mientras seguía sin saber con quién hablar, dónde encontrar refugio y sentirme cómoda. Todo lo que quería era una mantita y desaparecer.

Por meses me sentí vacía, rota. Las primeras 3/4 veces que menstrué me daba un puntada en el exacto lugar que estaba alojado el embrión. Estaba teniendo problemas para perdonarme a mí misma y tapaba con lo que podía la ausencia que sentía. Comí montones de helado en esa época.

Esa decisión que no me llevó tiempo tomar porque era la única opción viable para mí, que en solo unos días ejecuté con una intervención que duró unos minutos, me tomó un par de años para estar en paz conmigo misma.

Algo que me ayudó muchísimo fue asumir que existió, darle la bienvenida al clan como diría alguna corriente bio. De esa manera aprovechamos el contexto de Burning Man para organizar una ceremonia en el templo. Mi novio y yo enterramos simbólicamente el hijo que nunca tuvimos, dimos unas palabras para confortar y confortarnos, y posteriormente veríamos juntos la quema del templo que nos hizo de resguardo.

Algunas del montón cosas que aprendí durante este tiempo:

  • El sexo es poderozo por fuerza y energía creadora de vida.
  • Lo que no me cuide yo no me va a cuidar nadie.
  • Valorar muchísimo más a mi madre, que mucho o poco, me dio el regalo más grande: la vida.
  • Ser honesta conmigo misma.
  • No perder tiempo, que es sagrado y divino.
  • Que nunca voy a saber por las batallas internas que puede estar pasando el otro, de la misma manera que nadie supo ver conmigo.
  • Hay procesos que llevan tiempo.
  • Sanar es un proceso.
  • Para sanar hay que poder expresarse.
  • La vida tiene consciencia propia.
  • Respetar los propios tiempos.
  • Darme espacio para estar triste.
  • Amarme y aceptarme incondicionalmente.
  • Que la legalidad minimiza riesgos.
  • A veces las decisiones más díficiles son las más rápidas de tomar.

Y mientras más escribo más difícil me resulta encontrarle un cierre a esta historia, ponerle el final feliz. Pero creo que está bien, no todo en esta vida tiene un final feliz pero puedo contarte esto:

El correr del tiempo se llevó las penas y cedió espacio al amor.

Hoy estoy sumamente agradecida a la vida por la experiencia, por la oportunidad de entender el milagro que yace entre sus raíces.

Agradezco la compañía que recibí, que mucha o poca fue mucho más que lo que reciben la mayoría de las mujeres en este mundo.

La mía es una historia de privilegio, una con legalidad, recursos para pagar y una pareja que me acompañe. Ojalá que todas tengan acceso a las herramientas y la legalidad que tuve yo como contexto para que una situación de mierda no termine sumando una muerte innecesaria más.

Para que todas las mujeres del mundo puedan tener acceso a un Aborto Legal Gratuito y Seguro.

Compartí esta historia y sumá la tuya.
No tengas miedo, que juntas somos más.

Espero que mi experiencia te acompañe.

Con todo mi amor <3

 

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